Jan Cossiers se formó inicialmente con su padre, Anton Cossiers, y con Cornelis de Vos, aunque también aprendió con Abraham de Vries en Aix-en-Provence, poco antes de iniciar un viaje a Roma en 1624. En 1626, de regreso en Aix, entra en contacto con el humanista Claude Fabri de Peiresc gracias a la mediación de P. P. Rubens (1577–1640).
Hacia 1627, Cossiers se establece en Amberes, donde ingresa como maestro en la Guilda de San Lucas. Sus primeras obras allí son pinturas de género, con las que intenta hacerse un hueco en el mercado. Aunque sus obras recuerdan la sensualidad de las figuras y el rico colorismo del Rubens anterior a 1620, es evidente también la influencia del claroscuro caravaggista romano, aplicado con una pincelada libre, cremosa y acorde con la técnica lisa propia de los tenebrosi. Su estilo se relaciona asimismo con pintores como Gerard Seghers o Jacob Jordaens, especialmente por su inclinación hacia los mismos conceptos del color y la forma.
Sin embargo, su carrera está marcada profundamente por su relación con Rubens, hasta el punto de que se ha señalado que este pretendía llevarlo consigo a España en 1628. La relación pictórica es evidente a la luz de las muchas obras que Cossiers realizó y que habían sido previamente encargadas a Rubens.
En 1635 participó activamente en la decoración para la entrada triunfal del cardenal-infante don Fernando de Austria en Amberes. Su mayor éxito, no obstante, llegó entre 1636 y 1638 al llevar al lienzo varios bocetos de los diseños de Rubens para la decoración de la Torre de la Parada, entre ellos Júpiter y Licaón, Narciso y Prometeo trayendo el fuego. Este último formaba parte de un grupo de historias relacionadas con Leda, Venus y Baco, además de una figura de Atlante.
Las obras de Cossiers para la Torre de la Parada pasaron más tarde al Palacio Real y posteriormente al Museo del Prado, aunque Prometeo estuvo un tiempo en la Academia de San Fernando, dentro del grupo de cuadros de desnudo.
A la muerte de Rubens, Cossiers recibió numerosos encargos eclesiásticos, como la Adoración de los pastores para la iglesia jesuita de Ámsterdam (actualmente en el Minneapolis Institute of Arts). Estas obras revelan un uso más libre del color, brillantes efectos de luz y sombra y un marcado sfumato. Las figuras adquieren una fuerza expresiva creciente, especialmente en sus obras tardías, donde las composiciones influenciadas por Rubens evolucionan hacia ambientes de mayor carga emocional, como el ciclo de la Pasión de Cristo realizado para la iglesia del Beguinage de Malinas.
Bibliografía
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Procedencia
- Colección privada, Francia.
Museos
Existen obras de Jan Cossiers en las colecciones de los museos de numerosas ciudades, entre ellas:
Madrid (Museo Nacional del Prado) – París (Museo del Louvre) – Amberes (Museo Nacional de Bellas Artes) – San Petersburgo (Hermitage) – Glasgow (Hunterian Museum) – Kassel (Staatliche Kunstsammlungen) – Abbeville – Brujas (Zwartzusters) – Londres (Iglesia de San Walburgis) – Mechelen (Buckingham Palace) – Lille (Museo de Bellas Artes) – La Haya (Mauritshuis) – Viena (Akademie) – Dunkerque – Culemborg – Múnich (Alte Pinakothek) – Saint-Omer (Museo Sandelin).
Nota
Nuestro cuadro representa con gran delicadeza el matrimonio místico de Santa Catalina.
La Virgen, de rostro angelical, aparece sentada con el Niño en sus rodillas. A su lado, Santa Catalina ofrece su dedo al Niño para que este le coloque el anillo que sostiene en la mano derecha.
Según la tradición, Santa Catalina, de origen real, fue perseguida por el emperador Majencio tras su conversión al cristianismo. En un sueño, la santa vio a la Virgen con el Niño, quienes rechazaron tomarla como esposa por no ser suficientemente bella. Tras interpretar este sueño, se retiró al desierto con un ermitaño, aprendiendo los preceptos cristianos y recibiendo el bautismo. Poco después tuvo una nueva visión en la que el Niño aceptaba su belleza, convirtiéndola en la esposa celeste de Cristo.