Nuestra obra representa un elegante interior en el que vemos a una hermosa dama sentada, acompañada por su doncella. Sobre una mesa cubierta por una alfombra oriental en tonos rojizos se disponen los utensilios con los que la sirvienta acicala a la noble señora, quien sostiene en su mano derecha un fino paño, a la espera de ser colocado.
La gama cromática empleada por el autor se caracteriza por los tonos suaves, tan propios de la obra de Steenwijck, y contribuye a una representación precisa del espacio interior, cuidadosamente descrito en todos sus detalles, como la delicada silla en la que se sienta la dama o el espejo situado al fondo, del que cuelga un manto.
La exquisita composición subraya la gran maestría del autor, capaz de plasmar cada detalle con extrema delicadeza y un notable sentido del realismo.