El fluido solidificado en el que se convierte la resina pigmentada transparente que utilizo en mis composiciones no carece de significado. El uso de colores brillantes, limpios y vivos no es aleatorio; es un reflejo de mi experiencia íntima. Mi antigua profesión como químico del agua y la importancia de los fluidos en la terapia de reemplazo renal que necesité durante varios años están presentes. Quizá estas composiciones sean un reflejo de mi interior, un deseo íntimo de que la vida sea hermosa.
Después de varios años estudiando Arte, parece que he encontrado una forma de expresión adecuada para mis propósitos. Tal vez lo verdaderamente interesante sea el propio proceso de creación: la elección de los colores, las mezclas, la composición, la superposición de las capas.
La materia como factor dialéctico es importante en mis piezas. Pretendo establecer un diálogo con el espectador desde lo más formal y académico hasta lo más accidental o casual. Por esta razón, la fotografía inmediata tomada con un móvil no hace justicia a la contemplación directa de la obra. En una pequeña pantalla no pueden apreciarse los planos de color, su textura ni su superficie limpia y radiante. La transparencia y el acabado que aporta el material solo se valoran plenamente en vivo.
En la era de las pantallas, donde cada día vemos cientos o miles de imágenes, mi intención es crear pinturas que necesiten ser vistas en persona. Me interesa que el espectador sienta la necesidad de una segunda mirada, que no se conforme con un vistazo fugaz motivado únicamente por la atractiva combinación cromática. Mi intención es que se detenga y aprecie la composición y la complejidad del color, la sutileza de su acabado y el reflejo de la luz desde distintos ángulos. Quiero que las obras inviten a estar, a permanecer un tiempo frente a ellas; me encantaría que se convirtieran en un lugar donde poder detenerse y “perder el tiempo”.
No es relevante que el significado de la obra sea fijo y único. La pintura puede tener otros significados que el observador construya, y me gusta que se convierta en algo que se complete simultáneamente con la mirada de quien la contempla.